La historia se remonta a 1975, cuando Jeff Pink, fundador de la marca Orly, buscaba una solución práctica para las actrices de cine. En los rodajes, cambiar el color de uñas para cada vestuario era una pesadilla, así que Pink ideó un look versátil: una base nude con las puntas blancas, limpio, natural y perfecto para combinar con cualquier outfit.
El invento fue un éxito inmediato en los estudios de cine, y pronto conquistó también las pasarelas y los salones de belleza. ¿El truco de su nombre? Pink lo bautizó como French manicure porque sonaba sofisticado y glamuroso, evocando la eterna elegancia parisina que tanto atraía al público.
Desde entonces, la manicura francesa se ha reinventado en infinitas versiones: con colores neón, degradados, diseños minimalistas e incluso con glitter. Sin importar la tendencia, su esencia atemporal sigue siendo sinónimo de estilo y frescura.
Así que ya lo sabes: la próxima vez que luzcas una manicura francesa, estarás llevando en tus uñas un pedacito de Hollywood… con nombre francés.